jueves, julio 09, 2009

Semidemocracias o democracias delegativas


Difícil solución tiene el conflicto en Honduras a raíz del golpe perpetrado por los militares. Uno de los análisis más finos al respecto es el de Narcís Serra, que con gran experiencia asesorando procesos de transición y modernización en la región, reflexiona entorno a las semodemocracias.

Em Honduras, he,os asistido a un golpe particular. Ha sido preparado por la clase política, incluyendo el poder judicial, apoyada por los medios de comunicación, la jerarquía eclesiástica y los grandes empresarios. Las causas son múltiples pero se podrían resumir en la precariedad de la democracia hondureña y los errores del presidente electo Manuel (Mel) Zelaya.

Pero por muchos errores que haya cometido Zelaya, la comunidad internacional ha reaccionado de forma unánime, incluida la administración norteamericana: el golpe es intolerable y constituye un precedente inaceptable. Aunque hemos visto, sin embargo, lo difícil que es restablecer la situación, a pesar de la respuesta internacional sin fisuras.

El problema de fondo es el estancamiento de los procesos de transición democrática en muchos países de América Latina y en la mayoría de los de Centroamérica. Es un tema suficientemente analizado por los politólogos, que han acuñado nombres como el de “democracia delegativa” o “semidemocracias” para estas situaciones. Un somero examen de las actitudes de los actores políticos, de las instituciones y hasta de los textos legales del caso hondureño muestra hasta que punto será difícil encontrar puntos de apoyo para la resolución de la crisis que contribuyan también al avance de la democracia en Honduras. La comunidad internacional no debe pensar en un parche al conflicto hondureño, sino en un impulso hacia la construcción de una democracia más sólida en este país.

Aceptar este precedente sería fomentar el riesgo de actitudes parecidas en otros países de la zona, como ha sido y lo es aceptar los crímenes perpetrados en Guatemala, el fraude electoral en Nicaragua o la violencia creciente en El Salvador. A estas alturas, no es necesario demostrar que el chavismo acaba instalándose más pronto que tarde en estos países con tanta penuria democrática.

En conclusión, es trascendental que la comunidad internacional, la Organización de Estados Americanos y, muy singularmente, los Estados Unidos se den cuenta de que no es suficiente con resolver el conflicto creado con el golpe hondureño ni con exigir una reforma democrática a las fuerzas armadas hondureñas. Si se desea una solución no cosmética hay que enfrentarse a la situación institucional que ha hecho posible esta violación de las reglas democráticas. Y una poderosa razón para ello es que la debilidad democrática hondureña no es mayor que la de varios países de su entorno. Por ello no es posible la aceptación pasiva de democracias tan frágiles con el argumento de que “son mejores que lo que había”.

La mayor responsabilidad en el diseño de una nueva política de exigencia e impulso democráticos en Latinoamérica reside en los grandes países del hemisferio, singularmente los Estados Unidos y también Brasil y México. Pero como en tantos otros conflictos y problemas con repercusiones internacionales, la Unión Europea debe ser consciente de sus responsabilidades y de su capacidad de influencia.

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