Marruecos y Argelia mantienen cerrada su frontera desde 1994, condenando a la pobreza y el subdesarrollo a miles de marroquíes que se beneficiaban de la actividad económica fronteriza. Desde hace años, la frontera entre los dos grandes países magrebíes, es transitada por militares, inmigrantes ilegales y contrabandistas. Una frontera cerrada gracias a la tozudez y sinrazón de los dirigenets de ambos países, que apaga las ilusiones y esperanzas de contacto, encuentro y desarrollo a un lado ya otro.
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Dos países hermanos que se tratan como enemigos. Pero la realidad de los sentimientos de la gente es otra. Hay muchas cosas que los unen, y entre ellas la música RAI: 180.000 personas, según la organización-- estalló de júbilo en la jornada central del segundo Festival Internacional de Rai, celebrada el pasado sábado en Oujda (Marruecos), con el argelino Khaled, el llamado rey del rai, y el grupo de Costa de Marfil Alfa Blondy, puro reggae africano, como platos fuertes. Un éxtasis solo comparable a los inicios del rock'n'roll, la rebeldía incontenible de una juventud en busca de oportunidades que no se conforma con lo que ve.
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El rai, música surgida de la calle, combina el dolor del blues, la agitación del hip hop, la profundidad del flamenco y, sobre todo, las esencias del folklore del oeste de Argelia y el este de Marruecos. Las tensiones políticas no han remitido, pero la gente de Oujda y la de Orán siguen hablando el mismo idioma y cantando las mismas canciones. Canciones de amor, desempleo y emigración. Historias en la encrucijada, gente que ha de elegir entre dos caminos y a menudo acaba en el más pendenciero. Francia no se libra de los dardos del rai. Said Rami, uno de las figuras del estilo reggada, nacido en Berkane, en la región de Oujda, triunfa ahora con la canción Sarkozy, donde se critica la nueva política de inmigración gala
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Bilal, Mory Kante, Mohamed Lamine, Reda Talyani y Zahoiniya han sido otras de las estrellas que han brillado en un festival que será más grande el día que el rai sea devuelto al pueblo, que fue quien lo inventó, por mucho que el rey Mohamed VI lo patrocine.






